Por Juliana Cortés. 7 de abril de 2020.

Leo en redes que de esta crisis debemos sacar como mínimo muchos libros leídos, un nuevo emprendimiento, un nuevo negocio, etc, a pesar de que no toda la gente tiene el mismo proceso o circunstancias de vida. Al mismo tiempo, toneladas de consejos sobre cómo mantenerse ocupados, cómo mantener entretenidos a los niños y cómo mantenerse distraído uno mismo. Y lo que esto me hace pensar es que aún en crisis, todavía como humanidad estamos reacios a hacer un alto en el camino para finalmente despertar. Nos aterra la quietud, nos aterra el encuentro con nosotros mismos.

Preferimos seguir dormidos, anestesiados incluso inventándonos nuevas ocupaciones. Porque creemos que, si no estamos produciendo y haciendo mil cosas al día, somos perezosos, fracasados, inútiles o vagos. Entonces, seguimos en este juego de no parar nunca y de seguir produciendo y de seguir “muy ocupados”. ¿Por qué? Porque le tenemos terror a la quietud y al silencio, porque ese es precisamente el espacio que nos abre la puerta para encontrarnos con nosotros mismos y con lo más profundo y trascendental de nuestro ser. Y no queremos eso, porque nos han enseñado de forma permanente a evadirnos, a no pensar sobre lo que hemos hecho con nuestra vida, a rechazar la reflexión y la pausa, y a sobrellevar todo cuanto pasa en nuestra vida y en el mundo de la forma más superficial y poco reflexiva que se pueda.

Y al final, terminamos no aprendiendo nada sobre las crisis. Al no aprender, a la crisis no le quedará más remedio que regresar. Esta vez con una pandemia, luego con otra cosa; al final, una nueva crisis. Queremos evitar lo que está sucediendo y salir corriendo para que la crisis no nos alcance. Pero la trampa es salir corriendo: buscar con desesperación qué hacer, en qué ocupar el tiempo, en qué distraer la cabeza. Claro, hay que reinventarse y organizar esa nueva forma de vida que se nos exige a todos y  de hecho, hay que hacerlo! No digo que “no hagas nada”, pero, ¿por qué seguir evadiéndose de sí mismo?

¿Y si lo hiciéramos de otra forma?  ¿Y si usáramos algo de este tiempo para “parar”, para hacer un alto en el camino y pensar sobre cómo hemos llevado nuestra vida hasta este momento? ¿Y si en lugar de buscar más distracción, empezáramos por escucharnos a nosotros mismos, a nuestros deseos mas genuinos, a nuestras tristezas, a nuestras frustraciones, a lo que queremos transformar en nuestra vida, a lo que queremos construir después de que pase la crisis?

Pregúntate: ¿qué has notado sobre ti mismo durante la crisis?, ¿qué tan duro te está dando?, ¿a qué le tienes miedo?; ¿te topaste con esa parte tuya frágil y temerosa?; ¿qué tan difícil ha sido para ti la soledad y pasar más tiempo contigo mismo?: ¿te aterra?, ¿lo disfrutas?, ¿quizás comienzas a ver que no es tan terrible como creías?

Y si en lugar de salir corriendo a buscar cómo mantenerte más ocupado te haces estas cuantas preguntas, habrás hecho algo realmente útil con la crisis: descubrirte a ti mismo un poco más, y aceptar y honrar lo que eres con todo y tus miedos, angustias y temores; y saber que está bien y es natural porque te acuerdas de que eres humano. Y ahí, ya has ganado. Si la naturaleza que es tan sabia se detiene y tiene ciclos de pausa, ¿por qué no habrías de hacerlo tú también siendo tú, parte de ella?

Y si en estos tiempos te has dedicado a “estar”, a mirar al cielo, a valorar hasta lo más simple y aparentemente pequeño, si has descansado, si has dormido bastante, si no has hecho mucho, seguramente es lo que necesitas ahora. Vívelo, siéntelo y respeta tu propio proceso de vida, sin culpa y sin la angustia por no hacer lo que hacen los otros, que están convencidos de hacer más porque no paran nunca y siempre están ocupados. Al final, tu vida es tuya y es única. No se necesita que la vivas como la viven los demás, sino como tú la sientas, y conforme a lo que te haga feliz. Y si por el contrario, la quietud ha sido lo que más ha prevalecido en tu vida, ¿por qué no comenzar a moverte? Los procesos de vida son distintos y no se puede pedir a todo el mundo que haga lo mismo.

En el día a día está casi prohibido parar, aunque al final la vida se acabe y lo único que te lleves sea lo que aprendiste sobre ti mismo y sobre lo que realmente es la vida y para qué vinimos acá. No desperdicies el tiempo tan solo “ocupándote”, valora este tiempo y “descúbrete”, porque la vida no es eterna y esta es una oportunidad, si decides abrir los ojos.

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