Por Juliana Cortés. 14 de abril de 2020.

Cada que atravesamos por una situación difícil, desagradable o desafortunada, buscamos automáticamente, al menos cuando no somos muy conscientes, cuál es esa causa externa que la ha originado y que debemos atacar o de la que necesitamos defendernos. Vemos las causas de nuestros problemas de la misma forma como miramos al virus; es decir, como algo que está afuera y debemos eliminar como sea necesario para volver a estabilizar nuestra vida. Tendemos a encontrar esas causas de lo negativo que nos sucede en lo que hacen los demás; y nos parece injusto, pues si todo eso cambiara, nuestra vida sería mejor; similar a como pensamos que si el virus dejara de existir, todo sería perfecto.

SACAR AL VIRUS DE LA OFICINA

Cuando las organizaciones tienen crisis y su cultura no se mueve en un ámbito de mucha consciencia, cada uno de sus miembros busca las causas del problema en el otro: en su compañero, en su jefe, o en las personas que tiene a cargo. Cada persona se ve a sí misma como ajena a lo que sucede dentro de su empresa y espera ver a otros cambiar. En el peor de los casos, se piensa en retirar a las personas de la organización porque son como los virus: contaminan y dañan a otros o al ambiente de trabajo y por tanto, habría que alejarlos.

LAS EMPRESAS QUE SE LAVAN LAS MANOS

Y lo mas notorio aún es que estas prácticas culturales de buscar a los malos trabajadores, a la gente “tóxica” o “inservible”, son completamente normalizadas e incluso justificadas sobre la base del “bien común”. Y sobre esa base del bien de la organización, se justifican medidas que no siempre son éticas y socialmente responsables. De cualquier forma, la empresa no consciente se lava las manos o retira su responsabilidad frente a lo negativo de la situación, al creer que no tiene nada que ver en ella, y que es un tercero quien tiene el problema.

CULTURA CON UN SISTEMA INMUNOLÓGICO DÉBIL

Lo que las organizaciones no conscientes aún desconocen, es que es su propia cultura la que produce y mantiene las actitudes destructivas, negativas o indeseables de su gente. Equivocadamente, se piensa que cuando los demás cambien o cuando cierto grupo de personas se vaya de la empresa, entonces todo cambiará para bien; como cuando pensamos que lo principal que debemos hacer para evitar el contagio del virus es lavarnos las manos y mantenernos alejados; y no mediante una nutrición sana de nuestra mente y nuestro cuerpo, que nos mantenga fuertes y no permita entrar a ningún virus. Es decir, buscamos una solución a medias, desde un lugar superficial que no alcanza a tocar en lo más mínimo el origen real del problema.

LAS ORGANIZACIONES NECESITAN SANARSE A SÍ MISMAS DESDE ADENTRO

Pero lo que una organización realmente necesita es una consciencia sobre la práctica cultural de “no asumir la responsabilidad y culpar a un tercero”. Necesita que cada persona, desde el Gerente hasta cada colaborador, despierte y se atreva a descubrir cómo su propio comportamiento, emociones, problemas personales, y actitudes, por más pequeñas que sean, son las generadoras de esa realidad que vive la empresa y por tanto, cada persona necesita retirar su foco de atención en el error del otro, “en el virus”; y comenzar a concentrar su energía en cómo se encuentra su propio estado interno, especialmente, psicológico, y emocional; y trabajar porque ese estado interno no contamine a los demás y a la propia organización, pues lo que cada uno de nosotros no ha sanado a nivel personal, sí que es contagioso y enferma a quienes nos rodean.  

El dolor físico no sana tomando un analgésico; se sana descubriendo la causa del dolor. Las empresas no sanan identificando a los malos del paseo; sanan descubriendo las motivaciones ocultas de esas personas indeseadas.

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WHOLENESS. Consciencia Personal y Organ
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