Bien es sabido en el mundo organizacional que una de las reglas para ganar profesionalismo es no permitir que la situación personal influya sobre la vida laboral. Sin embargo, es una gran falacia y un imposible para cualquier persona, pues nadie puede abandonar su propia humanidad, dejarla en casa y salir a trabajar.

Cada persona carga con sus propios asuntos privados, problemas familiares, de salud, de pareja; miedos, angustias y frustraciones. Y toda esta carga se lleva inevitablemente al trabajo, a pesar de que haya un gran esfuerzo consciente porque no tenga una afectación en la vida laboral; porque “no se note”. Sin embargo, todo este gran mundo personal se expresa de forma consciente cuando llegamos al trabajo: todo lo que somos, todo lo que sentimos y pensamos, así como toda nuestra carga emocional, tiene su manifestación en la forma como nos desenvolvemos en el lugar de trabajo.

 La forma de relacionarse de las personas, el trato que dan a otros y reciben al mismo tiempo; el estilo utilizado para dirigir a otros, todo no es más que una manifestación de ese mundo interno, historial de vida y situación personal, que ingenuamente tratamos de ocultar. Y esto es precisamente lo que produce un estilo de vida poco consciente: creer ingenuamente que todo está bajo control, cuando en realidad somos controlados por nuestro dolor emocional y psicológico, así como por nuestra historia de vida.

Todas las personas llegan al trabajo con una cantidad enorme de asuntos personales que aún no han sido resueltos y que se derivan de toda una historia de vida única y muy particular. Entonces, el clima de la organización y su cultura se van forjando de forma bien intencionada, bajo unos valores y prácticas que son las “ideales”, dejando a un lado el factor más decisivo que influye realmente en la cultura y el clima: el estado interno tanto emocional como psicológico de cada miembro de la organización.

ORGANIZACIÓN: SEGUNDA GRAN FAMILIA

Toda organización es una segunda familia para la gente. Cada persona trabaja allí con el ánimo de cumplir ciertas expectativas de vida y realizarse como persona; pero a su vez, al ser el lugar de trabajo una segunda “familia”, se abre también el espacio para repetir dramas familiares pasados, que inconscientemente se tratan de resolver en ese otro espacio, con la mala noticia de que este escenario, en lugar de promover la sanación del individuo, abre viejas heridas de la infancia., cuando sus integrantes no son conscientes de esta dinámica.

Cuando no hay un trabajo de desarrollo personal o apertura de consciencia, toda persona replicará, sin quererlo, su historia familiar en su lugar de trabajo. He visto cómo la rivalidad entre compañeros de trabajo que buscan la aprobación del jefe, es exactamente igual a esa rivalidad existente entre hermanos que luchaban por ganar el afecto de papá o  mamá, exponiendo o acusando los errores del otro. A su vez, la falta de consciencia de ese jefe, puede hacer que esa herida del pasado se mantenga cuando por ejemplo, permite que se de la dinámica del desprestigio y rivalidad entre personas de la organización, cuando escucha más a unos que a otros, o simplemente cuando prefiere a unos sobre otros. Al esto suceder, la organización se convierte en entorno que reafirma mis creencias pasadas, sean o no las más recomendables, y deja de promover la transformación y evolución de su gente. Por esto, es tan importante que cada persona asuma la responsabilidad y esa gran tarea de mirarse hacia dentro, entender de dónde proviene lo que hace, sanar viejas heridas y elegir conscientemente patrones de comportamiento distintos que rompan con paradigmas anticuados que sólo bloquean su propia evolución. El clima y la cultura organizacional avanzarán positivamente en la misma proporción de avance de la consciencia de su gente.

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WHOLENESS. Consciencia Personal y Organ
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